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viernes, 3 de junio de 2011

Noel Jesús Armas Castilla


Noel Jesús Armas Castilla nació en 1994 en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, en el archipiélago canario, España. Comenzó a escribir desde los quince años


Su Obra :


Sueño





Deja que suene el viento,

que se alborote el tiempo

y se empoce el presente

en los recuerdos del pasado.

Deja que canten las melodías

melancólicas en los fonógrafos

y sus notas mueran

cuando el verso de la partitura

sea pentagrama finito.

Deja que las tristes maresías

inunden el pecho alicaído,

pues no hay caña en el mundo

que esconder en demasía pueda

los dulzoresde su corazón.



Por Noel Jesús Armas Castilla



Qué traes, marejadilla oscura,
afilada aleta de infames intenciones?
¿Crees que puede  hacerme daño
tu selenita imagen?
¿Acaso un reflejo
rondando amenazante
la cresta de tus olas?
Tápate los ojos, luna,
que esta noche serás de piedra,
mientras retiro de mi pecho
las mortajas de mi corazón.
Me voy a desnudar,
mar que me sitia,
para que me veas.
Para que  sepas que mi alma
está de luto por su propia ausencia.
Para que no creas que puedan asustarme
tu cuchillo marinero,
ni tu estampa infernal,
ni lo oscuro de tu lecho
en lo plata de tu espejo.
Noel Jesús Armas Castilla


Amor frustrado entre un folio en el presidio y una verja moribunda


El otro día fui a comprar el pan y, camino de la ventita, a la altura de una estrecha callejuela, vi unas verjas retorcidas que me hicieron entrar en la siguiente historia.
Resulta que las alambradas estaban muy deterioradas, a simple vista se diría que el viento había deformado sin contemplaciones la maraña metálica y que la lluvia se había cebado oxidando toda la verja. Pero pronto cambié de opinión cuando me fijé en los detalles.
La cochambrosa alambrada parecía señalar acusadoramente a la librería que se encontraba al otro lado de la vía.
El local tenía una cristalera en la pared, y desde ahí se podía ver el interior de toda la tienda. La librería hacía esquina en aquella calle, en la fachada principal estaba la entrada.
Pero aquel cristal al que hago referencia guardaba más secretos del que le gustaría: Unas montañas de folios se arrinconaban contra él como si estuvieran asomándose. Se podría decir que estaban alongándose en busca del fin de aquella cristalera, quizás en busca de la verja, como si quisieran unirse con la alambrada al otro lado de la estrecha calle.
Deseché momentáneamente aquella historia imposible. Termino de recorrer la vía y tomo la esquina de aquel local. Mi imaginación es capaz de volar mucho, demasiado incluso. Pero me han dicho tantas veces que imaginar tanto me llevará a convertirme en el próximo Don Quijote que a veces prefiero olvidarme de crearme esas historietas. Personalmente, a mí no me gustaría chocarme con un molino por mi locura.
Así que seguí avanzando hasta la panadería e hice la compra que me había conducido hasta allí.
Pero la realidad es dura, y cuando uno tiene unos defectos –o virtudes- que se imponen a pesar de que no queramos, estos tienden a reaparecer en busca del protagonismo que se les niega. Es así cómo, rehaciendo el camino para volver a mi casa, me encuentro de nuevo con la librería. Lo que me llama la atención esta vez es la imagen que está en el cartel de la tienda: Se trataba de una efigie de un soldado de perfil.
En ese momento, un escalofrío me recorre el cuerpo y mi cerebro empieza a rescatar del baúl de cosas que aún no ha sido distintas hipótesis que expliquen el porqué de ese dibujo.
Mi imaginación me convenció de que aquel soldado estaba de guardia en la puerta de la tienda para que los folios no pudieran escapar.
Al parecer, el guarda escoltaba la entrada, y la librería era la tapadera de una cárcel. Pero claro, nadie se fijaba en la desesperación de esos folios por salir. Y allí, mis pensamientos me devolvieron al principio de la historia, donde una verja retorcida parecía querer alcanzar los folios de un negocio como otro cualquiera. Ahora todo encaja, la alambrada estaba retorcida por la necesidad de llegar hasta los papeles presos, y sus alambres estaban oxidados, pero no por la acción del clima, sino porque sus angustias las condenaban a llorar amargamente hasta que sus fríos metales fuesen tan sólo óxido. Y los papeles estaban angustiados porque se mantenían en una cárcel custodiada por un soldado.
No obstante, había cosas sin respuesta en la historia. Por ejemplo ¿qué mal habrán hecho esos folios para que les privasen de su libertad? ¿O es rentable que un soldado custodie una cárcel sin que se le rompa el corazón al ver la angustia de las verjas?
Y a pesar de lo dicho, todo parecía indicar que los folios no habían perdido la esperanza de salir de aquel lugar, porque los libros están repletos de papeles como aquéllos, y según tengo entendido llevan un buen tiempo escribiendo miles de mensajes subliminales, aguantando historias de amores y desamores, vidas y muertes y felicidades y sinsabores para que algún héroe se diera cuenta de su penosa situación y se armase para rescatarlos cuanto antes.
Por todo ello, creo que de esta historia se puede sacar alguna enseñanza. Me parece que por encima de la tragedia de los folios reclusos, de la inhumana posición del guarda o de la impotencia de la verja, hay una cosa más importante. Lo cierto es que este suceso se convirtió en la forma en que descubrí el porqué de la literatura. Digo que los poetas y escritores sienten  la necesidad de dar a conocer historias como ésta por una razón:
Y es que, continuamente, hay muchas formas de ver el mundo que ignoramos y que despreciamos, sin saber que la literatura es, muy probablemente, la lucha de los más incomprensibles sentimientos por su libertad.

Noel Jesús Armas Castilla

3 comentarios:

  1. Bienvenido Noel a este humilde blog donde desde tu juventus tendras un lugar de acercamiento a muchos escritores.
    Gracias por compartir tus poemas

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  2. Nunca olvidemos que la fantasía esta impregnada de nuestras vivencia y ella puede ser reflejo de nosotros mismos, saludos Noel

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  3. Gracias a ambos por vuestras palabras. Besos de Noel Armas.

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